sábado, 9 de julio de 2011

Some do it fast.


Y se hizo el silencio,

por sus retinas se habría paso el ansia animal que martilleaba su cabeza en cada acorde de la canción.

Neonlight.


Luces de neón, para sentimientos infravalorados. Deja que te susurre al oido lo que se me pasa por la cabeza y que un escalofrío recorra tu espalda.
Luces de neón, para los besos perdidos. Imagínate aquella noche bajo la luna.
Luces de neón, para días de soledad. A lo lejos se ve tu sonrisa.
Luces de neón, para todas y cada una de las palabras que no dijiste. No les des el ultimátum a las miradas perdidas.

Luces de neón, para destacar nuestros deseos más oscuros.

Bleeding red.


Tenía la mirada triste y la sonrisa desamparada.

Cada tarde, se acercaba hasta aquel banco perfilado en el fin del paseo marítimo, junto a la farola solitaria y, veía atardecer. Invariablemente llegaba paseando, pulcra y reluciente, con la serenidad que tan solo se puede alcanzar con la edad, y, la mirada apagada de alguien que arrastra el dolor desde hace demasiados años. Se acercaba al banco, y pasaba la mano por encima, como intentando recordar mediante el tacto lo que atormentaba su memoria.
Llevaba unos guantes de piel, y, bajo ellos, unas manos de artista, con las uñas pintadas de un rojo sangrante, quizás como su corazón. Se los quitaba con la parsimonia de alguien a quien nada más que la soledad le espera al llegar a casa.
Mientras el sol se acercaba a la línea del horizonte y amenazaba con quemar el mar, abría su bolso, de piel gastada y broche dorado, y sacaba un cigarrillo y un mechero de plata labrada.
En el momento en que prendía el mechero, parecía que la luz volvía a esos ojos de color gris tormenta. De sus labios color burdeos, surgían volutas de humo que se deshacían al arrullo de las olas. Fumaba con abandono, perdida en recuerdos. Y sus ojos miraban sin ver al gran azul, convertido en haces de luz con coronas de espuma que, como el tiempo mismo, se deshacían en la arena.

A su izquierda, el acantilado.

Podría decirse que miles de veces se le pasó por la cabeza lanzarse al mar, y dejar de intentar sobrevivir al siguiente amanecer sin dejar que su interior se rompiera en mil pedazos. Pero había algo que se lo impedía, ese algo también le impedía alejarse de esa costa, maldita, e inhóspita para su corazón envenenado.
Siempre había sido una mujer solitaria, un alma en pena, un pasajero individual con un billete de ida por la vida en el tren equivocado, solía decir ella con la sonrisa rota.

Sonrisa que en su día tuvo vida, tanta vida como una mañana de verano, pero, la cruda realidad apareció en su vida como un invierno repentino e hizo que esa sonrisa se rompiera para siempre, sin la posibilidad de recomponerse del todo. No se puede decir que no lo intentó, pero quedó como una muñeca de porcelana tras caer al suelo, recompuesta en una burda imitación del brillo de la anterior.

En su piel de terciopelo, se ven las huellas del paso del tiempo, arrugas casi invisibles que cuando se mira al espejo la hacen volver al presente, y darse cuenta de que su propio tiempo pasa impasible, imparable e inalterable como las olas del mar que la atrapa.

En aquel banco desgrana los segundos del atardecer intentando encontrar lo que la propia vida le robó y buscarle a una existencia que se limitaba a buscar el equilibrio entre las sombras del pasado y el negro presente.

Mientras, el Sol asesina sus últimos momentos antes de morir una vez más, y el cigarrillo exhala sus volutas finales. Parece que el mundo se para mientras suspira, sin encontrar solución, un día más, y, las gaviotas, ajenas a todo, permanecen suspendidas en las corrientes de aire, impasivas ante lo que sucede bajo ellas, limitándose a dejarse llevar.

viernes, 8 de julio de 2011

I won't confess.


I don't believe in love; I believe in physical attraction. Leave behind the emotions, just hear what says your skin.. Forget your mind, go back to the basics.

Something borrowed, something blue.

Estaba sentada en el tejado que sobresalía bajo su ventana. Muchos si la vieran dirían que está loca.
De los auriculares salen unas notas discordantes que recuerdan vagamente a las mañanas de verano.
No es cierto que esté loca.

Tiene los ojos cerrados.
Las manos acarician el viento como si tocara una música muda y en su cara se atisba un intento de sonrisa, pero está rota.
Quizá se le ha olvidado sonreír después de tanto tiempo.
Ha abierto los ojos.

Me ha visto.
En sus ojos hay un brillo de melancolía, su cara se ha llenado de la luz de los recuerdos de los días pasados.

No está triste.
Le hablo, pero no puede oirme.
Sabe que aunque cierre los ojos, yo estaré esperando para volver a ver su luz.
Sus manos han parado y ahora reposan sobre las arodillas.
No está triste.

El sol se ha escondido.
Ya no mira al horizonte.
Sonríe.
Observa nacer una vez más las estrellas.

Ha cambiado de postura, ahora se abraza las rodillas como si temiera romperse.

Una lástima que ella no pueda tocarme.


The bed got fire.

Things to do before I die,
unknown pleasures.

Nunca perdió el control.


Y ver amanecer tras el cristal de aquel vaso, lleno tan solo de hielos, y cargado de todas las emociones que saqué de mi alma. Sentada en ese banco solitario al final de la calle, donde tan solo los gatos callejeros pasean, a la espera de un futuro más prometedor que el que me trae el periódico matinal. 
Búsqueda de la niebla que serpentea entre las gotas de lluvia vistas al trasluz de una farola, sonrisas con la promesa de una buena perspectiva del telón.

Good times for sinners.


Tras una persiana medio bajada, con el humo del cigarrillo atrapándose entre sus ojos, y la sonrisa de quien no tiene nada que perder, me dijo algo que se me quedó grabado.

- ¿Sabes? El mejor consejo que me dieron nunca fué que me tomara las cosas con calma y siempre buscara la parte racional, porque es la única que te va a ayudar a encontrar la salida correcta, con el menor daño posible. - Desde entonces, solo me reconoce la gente que sabe donde mirar.


Amargo.


Y otra vez la misma habitación.
La misma cama por hacer y la misma pared con fotos que se caen.
Los mismos recuerdos que retumban en los rincones.
Y la misma sensación que le impide huir.
La bombilla, solitaria, parpadea intentando contener su ultimo aliento mientas ella está tumbada en el suelo, con los pies en la pared.

Está de espaldas a la ventana y parece que las vetas de la madera fluyen hasta encontrarse con las ideas que se le amontonan en la cabeza.

El teléfono, silencioso, está tirado por algún rincón, probablemente entre las cervezas vacías.
Colgados del sofá, unos vaqueros.

La luz que entra por las rendijas de la persiana le molesta en los ojos, y en su boca se junta el gusto de la resaca con el sabor amargo de la derrota.
En el calendario hay tachados tres días, y, en la mini cadena empieza a sonar de nuevo la misma canción.
Si no fuera por el tic tac del reloj de la pared, diría que el tiempo se ha parado.

Sin embargo, el ruido de los coches es incontenible.

Ella misma se ha encerrado en una cárcel sin barrotes.

El teléfono comienza a sonar, y se arrastra a por él, dejándose caer luego contra la pared.
Mira quien llama y lo vuelve a dejar caer al suelo.

Reúne fuerzas para levantarse y va a por otra cerveza. Ha perdido la cuenta de las que lleva hoy.

En la cocina, el neón hace que todo sea demasiado reluciente. Era pequeña, pero para un alma solitaria como ella, era demasiado grande.
Se sentó en la encimera, con los pies colgando.

La nevera hacía ruido, y del grifo caían gotas que retumbaban como cañonazos en la habitación.
Las paredes se le caían encima también allí.

De repente, la bola de pelo apareció por la cocina. Se acercó lentamente y en sus ojos se vio reflejada tal y como estaba en ese momento.

Cansada, derrumbada, furiosa.

Con un suspiro se levantó de un salto y se dirigió al baño.
Se quitó la camiseta raída y se metió en la ducha, donde quizá el agua consiguiera sacarla de su cárcel invisible.

Un chorro de agua fría le cayó encima, y, sin previo aviso, empezó a llorar.

Se dejó caer, y, abrazada a sus rodillas, dejó que las lágrimas borraran los efectos del pasado.
Casi lo consigue.
Cuando él la encontró seguía allí, temblando y empapada.

Esta vez la batalla había podido con los prisioneros de guerra.


Your name, your face, it’s all you have left now.

miércoles, 6 de julio de 2011

..Onfire.


- No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo -