viernes, 30 de septiembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Skin code.
- "Lonely - he said.- I don't know. They tell me this is cold. I don't know what cold is, because I don't freeze. So I don't know what lonely means either. Bears are made to be solitary. "
Reencuentros.
Dijeron que murió de sobredosis.
Solo se sabe, que la encontraron sola,
como tantas veces.
Solo se sabe, que la encontraron sola,
como tantas veces.
Con una sonrisa rota, pintada de rojo.
A pesar del frío de su piel, mantenía su apariencia ausente.
A pesar del frío de su piel, mantenía su apariencia ausente.
Nadie diría que su sonrisa no volverá.
Who.
La diversión de discutir con tu propio orgullo a altas horas de la madrugada, y los guiños escondidos de un mal carácter que no sabe si seguir el ritmo de la música o centrarse en el humo ascendente que lucha por rozar el techo de luces de neón.
Unas medias rotas y una sonrisa cansada que se quita el carmín frente a un espejo sin filtros, una realidad demasiado desnuda para muchos.
Descp.
¿Cara? la que tu quieras, y la que más.
Los centímetros de más en los vestidos se iban perdiendo junto con las oportunidades de encontrar el amor y las ilusiones de unas manos cálidas en las que esconderse las noches de invierno, desde que la vida le pasó factura de su inocente niñez, a base de ostias y Brujas de cuento.
Pasó de princesa a Puta cuando se cayó de los zapatitos de cristal, una noche haciendo eses.
La misma amistad le puso un hombro para llorar, y a dos centímetros de limpiar el maquillaje corrido, lo quitó para reirse de ella. A la primera se escondió detrás de un cristal, y miró.
Un año, otro.
En los que la experiencia la salvó de ostias más fuerte.
Y ya, cuando las hojas de los árboles se caían, decidió cerrar su imaginación, su ilusión y Romper el cristal, Tras horas insufridas de momentos de los demás, caras falsas, y sonrisas retraidas.Decidió dejarse llevar.
Y los escotes fueron su mejor arma de defensa.
El pintalabios su huella, Y el precio por su compañía era quedar jodido, caliente, y sin dinero en una barra.
Viendo como tras ese rojo carmesí que bordaba sus labios como en las colchas de puntola veías reirse con esa maldad natural que caracteriza a los trotamundos.
Los centímetros de más en los vestidos se iban perdiendo junto con las oportunidades de encontrar el amor y las ilusiones de unas manos cálidas en las que esconderse las noches de invierno, desde que la vida le pasó factura de su inocente niñez, a base de ostias y Brujas de cuento.
Pasó de princesa a Puta cuando se cayó de los zapatitos de cristal, una noche haciendo eses.
La misma amistad le puso un hombro para llorar, y a dos centímetros de limpiar el maquillaje corrido, lo quitó para reirse de ella. A la primera se escondió detrás de un cristal, y miró.
Un año, otro.
En los que la experiencia la salvó de ostias más fuerte.
Y ya, cuando las hojas de los árboles se caían, decidió cerrar su imaginación, su ilusión y Romper el cristal, Tras horas insufridas de momentos de los demás, caras falsas, y sonrisas retraidas.Decidió dejarse llevar.
Y los escotes fueron su mejor arma de defensa.
El pintalabios su huella, Y el precio por su compañía era quedar jodido, caliente, y sin dinero en una barra.
Viendo como tras ese rojo carmesí que bordaba sus labios como en las colchas de puntola veías reirse con esa maldad natural que caracteriza a los trotamundos.
Soul on fire.
La última vez que me miró, fue al girarse y decirme con los ojos que se iba para no volver. Aún extraño el olor de su perfume por las mañanas y los dedos de pianista jugando con mi espalda.
Aún.
Y quizá.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Kamikaze.
A muchos le daba miedo su forma de
mirar. La forma de encarar a la vida.
No era fácil mirar a esos ojos que
retaban al Sol y que buscaban el infinito en cada esquina por doblar. Tampoco
era fácil de comprender su forma de pensar, y las variables que
asimilaba su cabeza ante cada problema que se enfrentaba. Ni era
fácil llevarse bien con la barrera casi física que imponía entre la gente y
ella. No era fácil entender la fiereza con la que defendía su
independencia, ni su mal humor de por las mañanas.
Muchos aplicaban la definición de
dificil, otros ni si quiera intentaban acercarse. Pero
definitivamente, había decidido volver a usar esa vieja camiseta de
pijama y a volver a mirar por la ventana dejandose llevar por sus
pensamientos. Había decidido poner los pies en el suelo e intentarlo
una vez más. Había decidido jugarse el cuello, las cartas y la
piedra que tenía alojada en el pecho a modo de corazón.
Había decidido quemarse con el fuego y
sonreír esperando al amanecer, pero esta vez, con un compañero de
viaje cuya forma de mirar quemaba tanto como la suya. Suena curioso, no?
martes, 27 de septiembre de 2011
Queen of the damned.
Creo
que tú sabes de lo que hablo. De esa sensación apenas perceptible
que serpentea por tu columna vertebral. Hablamos de cuando estás en
algún lugar totalmente gris y de repente pasa. Hablamos de cuando de
repente empieza a llover, y se te calan hasta los calcetines y tu
sigues bajo la lluvia, mirando al cielo y respirando tan solo.
O
hablamos también del atardecer en aquel descampado, oyendo solo al
viento. O quizá de aquel amanecer sentado contra la pared, en el que
tan solo la bombilla parpadeante te puede traer de vuelta al mundo.
Hablo
de que, a pesar de la esceptibilidad, los motivos para retraerte y
las mil murallas mentales que nos vamos construyendo poco a poco
según la vida nos va jugando malas pasadas hay que aprender a
quedarse desnudo ante tí mismo. Por que si no consigues verte sin el
muro de cemento, es que te estás perdiendo todos esos pequeños
placeres, considerados también como pequeños pecados personales,
que te llevan a sonreir a media voz, y a guiñarle el ojo al mundo de
nuevo. A pesar de todo, hablamos de esos momentos en los que te
gustaría que se parara el reloj de arena y todo estuviera quieto.
Quizá nunca tenga las cartas correctas en esta partida, y puede que tropiece otras mil veces por el camino, pero me voy a seguir considerando una amante de estos pequeños placeres y causas perdidas que me llevan a seguir paseando por estas calles llenas de caras sin nombre y de pasos sin banda sonora.
Quizá,
a pesar de todo, el poder seguir dando pequeños suspiros me hace
aferrarme a lo que tengo como un clavo ardiendo. Y perderé, pero
nunca podrás decir que he dejado de jugar.
domingo, 25 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
Hold my bones.
La música sonaba en el reproductor de
fondo mientras miraba por la ventana. El amanecer era cada vez más
latente, y el cielo estaba inmerso en ese color tan indefinible que
llega con las horas del reloj en las que uno no debería estar
despierto.
El compás de la respiración marcaba el ritmo y tras los bostezos, mil ideas que pasaban tan rápido como los kilómetros. No le gustaba tener que ir con la ventana bajada, por que el mover la mano al compás del aire por la ventanilla le ayudaba a calmar los pensamientos. Sin embargo, por extraño que pareciera, había un punto en su cabeza que ardía como si fuera una fuente de ignición que hubiera explotado. La mano que sostenía la suya, y que tamborileaba con los acordes de la canción, le indicaba que no estaba sola. Aún le sonaba raro. Pero no le sonaba nada mal.
El compás de la respiración marcaba el ritmo y tras los bostezos, mil ideas que pasaban tan rápido como los kilómetros. No le gustaba tener que ir con la ventana bajada, por que el mover la mano al compás del aire por la ventanilla le ayudaba a calmar los pensamientos. Sin embargo, por extraño que pareciera, había un punto en su cabeza que ardía como si fuera una fuente de ignición que hubiera explotado. La mano que sostenía la suya, y que tamborileaba con los acordes de la canción, le indicaba que no estaba sola. Aún le sonaba raro. Pero no le sonaba nada mal.
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